Los cuatro principios bíblicos de la gestión del dinero, 3.ª parte
Parte 3 de 4: La cantidad no importa (parte 1, parte 2, parte 4)
Su señor le respondió: «¡Bien hecho, siervo bueno y fiel! Has sido fiel en lo poco; te pondré a cargo de mucho. ¡Ven y comparte la alegría de tu señor!».
Si vuelves al versículo 21 y lo comparas palabra por palabra con el versículo 23, verás que se le dijeron las mismas palabras al siervo de los cinco talentos que al de los dos talentos. A ambos se les recordó que habían sido fieles en lo poco, y a ambos se les prometió algo como recompensa. Puedes llegar a la conclusión de que la cantidad que tengas no es importante, pero sí lo es cómo gestionas lo que se te ha confiado.
Durante los últimos treinta años ha habido mucha controversia sobre si un cristiano estadounidense es más espiritual, por un lado, al acumular mucho (la «bendición» de Dios) o, por otro lado, al darlo todo (el «mártir» de Dios). Creo que ambas son posturas extremas y que no reflejan lo que dice Dios. Él no condena la riqueza ni alaba la pobreza, ni viceversa. El principio que se encuentra en las Escrituras es que todo le pertenece a Él. Por lo tanto, sea lo que sea lo que Él decida confiarte, mantén una actitud de generosidad, permitiéndole que te confíe más si así lo decide o permitiéndole que se lleve lo que quiera. Todo es Suyo. Esa es la actitud que Él quiere que desarrolles, y tengas lo que tengas, poco o mucho, tu actitud debe seguir siendo la misma.
Perspectiva sobre fe y finanzas:
¿Cómo se alinean tus objetivos de administración con lo que Dios te ha confiado? ¿Te ves a veces, como muchos, arrastrado por el torbellino de las comparaciones? Nosotros, en nuestra naturaleza humana caída, tendemos a sentirnos mejor —incluso orgullosos— de nuestras donaciones caritativas cuando nos decimos a nosotros mismos: «Estoy dando mucho más que mi vecino de la izquierda». Sin embargo, es igualmente peligroso dejarse llevar por la vergüenza que nos infunde la voz acusadora de nuestro enemigo, que nos susurra: «No estás dando ni de lejos tanto como tu vecino de la derecha».
Dios no se dedica a comparar, sino que nos invita a dar lo que hayamos decidido en nuestro corazón, no de mala gana ni por obligación ( 2 Cor 9, 7), y asienta los pasos de sus hijos de forma justa y firme en igualdad de condiciones. A partir de ahí, depende de nosotros decidir si seguimos el camino o nos desviamos de él.
A continuación, se sentó frente al cofre de las ofrendas y observó cómo la gente echaba monedas en él. Muchos ricos echaban grandes cantidades. Y se acercó una viuda pobre y echó dos pequeñas monedas de cobre, que valían menos de un céntimo. Llamó a sus discípulos y les dijo: «En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el cofre de las ofrendas más que todos los demás. Porque todos han echado de lo que les sobraba; pero ella, de su pobreza, ha echado lo que tenía para vivir, todo lo que poseía».—Marcos 12:41-44