La excelencia NO es el objetivo
¿Hasta qué punto quieres gestionar bien tus finanzas? Enero es el mes de los propósitos y ahorrar más dinero suele figurar entre los cuatro propósitos de Año Nuevo más populares. Para ahorrar más dinero, los propósitos más habituales son llevar un mejor control de los gastos, recortar aquellos que son demasiado elevados y ser más prudente con el dinero en general.
«¿Quieres ser muy malo, malo, regular, bueno o excelente?»
En una clase del domingo por la mañana, pregunté a un grupo de veinteañeros qué nivel de gestión financiera deseaban alcanzar y les ofrecí varias opciones. «¿Queréis ser muy pobres, pobres, regulares, buenos o excelentes?».
La mayoría del grupo quería obtener un «excelente» o pensaba que esa era la respuesta correcta. Se quedaron sorprendidos cuando les dije que, por lo general, una opción entre «aceptable» y «bueno» era mejor. Hay tres razones por las que aspirar a un «excelente» es ir más allá de lo que la mayoría de la gente debería hacer.
1. Una gestión financiera excelente lleva demasiado tiempo. Una gestión financiera excelente requiere presupuestos detallados y un seguimiento frecuente. Llevar un control minucioso de los gastos lleva tiempo. Analizarlos lleva aún más tiempo. Fijar los importes para cada categoría presupuestaria lleva aún más tiempo. Tras llevar años registrando cada recibo, mi mujer y yo agrupamos algunos gastos importantes en una categoría de gastos generales que incluía gasolina, comida, restaurantes y productos para el hogar. La precisión de nuestro presupuesto disminuyó, pero el tiempo que nos llevaba llevar el control de esos conceptos se redujo drásticamente. Para nosotros, «bueno» era mejor que «excelente».
2. Una gestión financiera excelente puede dar lugar a una mentalidad reacia al riesgo. Cuando me he esforzado por ser excelente en la gestión financiera, malgastar dinero me ha molestado más de lo que debería. Hace poco, convencí a mi familia para que probáramos un nuevo restaurante en una ciudad por la que pasamos varias veces al año. Fue horrible. La mayoría de nosotros no nos terminamos la comida. Me sentí culpable. Sin embargo, el siguiente restaurante nuevo que probamos en esa misma ruta estaba bueno, y pararemos allí muchas veces. Si no estuviéramos dispuestos a arriesgarnos a malgastar algo de dinero, nunca podríamos disfrutar del segundo restaurante varias veces al año.
3. Una gestión financiera excelente hace que el dinero se convierta en una parte fundamental de nuestra identidad. Lo que hacemos determina en quiénes nos convertimos, ya sea llevar un control de nuestras finanzas o leer la Biblia a diario. La riqueza económica resulta especialmente tentadora porque es fácil llevar la cuenta. La costumbre de vigilar nuestro dinero puede llevarnos a restar importancia a las relaciones con Dios, la familia y el prójimo, que son menos cuantificables. Pablo escribe: «Los que quieren enriquecerse caen en la tentación y en la trampa, y en muchos deseos insensatos y perjudiciales que hunden a las personas en la ruina y la destrucción. Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Algunas personas, ansiosas por el dinero, se han desviado de la fe y se han infligido muchos dolores». 1 Timoteo 6:9 (NVI).
«Lo que hacemos determina en quiénes nos convertimos, ya sea llevar un control de nuestras finanzas o leer la Biblia a diario» - Scott Kubie
La interacción del joven rico (lo llamaremos «Rich») con Jesús (Lucas 18:18-23) muestra cómo se manifiestan los inconvenientes de una excelente gestión financiera. Rich sigue deseando tener una conexión con Dios, pero el dinero se ha convertido en parte de su identidad. Le da prioridad frente a su relación con Jesús. Rico es un mal inversor, ya que rechaza asumir un riesgo de fe e intercambiar su riqueza por una recompensa que, como promete Jesús unos versículos más adelante, será muchas veces mayor.
Encontrar el equilibrio adecuado es fundamental. Craig Groeschel presentó la idea de GETMO en la Cumbre Mundial de Liderazgo hace varios años. GETMO son las siglas de «Good Enough To Move On» (lo suficientemente bueno como para seguir adelante).¹ El concepto refleja la ley de los rendimientos decrecientes que se aplica a la excelencia en el manejo del dinero. También reconoce que, con frecuencia, nuestro tiempo y nuestra atención se pueden invertir mejor en otro aspecto de la vida.
A menos que estés muy endeudado, en lugar de aspirar a la excelencia, proponte situarte en un punto intermedio entre «aceptable» y «bueno», y dedica ese tiempo a otra cosa, como el siguiente propósito de Año Nuevo de tu lista.