¿Qué hago si no estamos de acuerdo en cuestiones económicas con mi pareja?
El dinero y el matrimonio: cuando no estáis en la misma onda
Si tú y tu pareja tenéis diferencias sobre algún aspecto de vuestras finanzas familiares, no estáis solos. Las actitudes, creencias y hábitos relacionados con el dinero son muy comunes y, a menudo, fuente de discordia en los matrimonios. Como dice el refrán, «los opuestos se atraen», y las creencias sobre el dinero no suelen ser una excepción. Aunque esto puede aportar un equilibrio y una perspectiva saludables a las conversaciones y decisiones financieras, también puede generar conflictos. Conflictos relacionados con situaciones de la vida real con consecuencias reales. Y hay un sinfín de ejemplos:
¿Compramos esto, aquello o nada?
¿Compramos uno nuevo o de segunda mano?
¿Pagamos para que nuestros hijos se apunten a otro equipo o club deportivo?
¿Deberían nuestros hijos pagar ellos mismos la gasolina y el seguro, o es eso responsabilidad nuestra como padres?
¿Deberíamos hacer donativos a nuestra iglesia local, a una organización no religiosa o a ambas? ¿Y cuánto?
¿Debería buscar un nuevo trabajo? ¿Deberíamos trabajar los dos?
Esto no es más que una pequeña muestra de la infinidad de decisiones financieras a las que se enfrentan las parejas casadas, y es probable que algunas o todas ellas te resulten familiares. Tanto si tú y tu pareja estáis de acuerdo en cuestiones económicas como si no, los siguientes principios os ayudarán a abordar juntos estas conversaciones importantes.
Nuestra relación con el dinero es, ante todo, una cuestión espiritual. La forma en que nos relacionamos con el dinero influye en cómo nos relacionamos con Dios y con los demás. Jesús habla a menudo de nuestra relación con las cosas y el dinero, revelando que, bajo la capa superficial de nuestros pensamientos sobre el dinero, se esconden creencias relacionadas con el miedo, la confianza y la provisión. ¿Quién es nuestro verdadero proveedor? ¿Cómo es realmente Dios como padre? ¿Quién tiene, en última instancia, el control del mundo que nos rodea? Aunque estos temas puedan parecer inconexos, nuestras creencias sobre Dios se revelan con frecuencia a través de nuestra relación con el dinero.
Las decisiones financieras suelen ser decisiones emocionales. Partiendo del primer principio, nuestra visión del dinero suele estar ligada a los sentimientos. Nos gusta sentirnos felices, no sentirnos tristes y estar protegidos de aquello que tememos. Comprender las emociones que influyen en nuestras preferencias financieras y en las de nuestra pareja es clave para identificar y abordar la raíz del conflicto.
El «por qué» es más importante que el «qué». Cada preferencia financiera que tú y tu pareja perseguís forma parte de una estrategia para alcanzar determinados objetivos basados en valores específicos. Puede que nunca hayáis reflexionado sobre estos objetivos y valores, pero existen de todos modos, actuando en segundo plano en vuestra vida. Son el «por qué» que subyace a cada una de vuestras decisiones y preferencias financieras. Lo ideal sería que tú y tu pareja hubierais establecido unos valores comunes antes de dar el «sí, quiero», pero, lo hayáis hecho o no, es imprescindible hablar de vuestros valores a lo largo del matrimonio. Y de esas conversaciones deberían surgir unos objetivos comunes. El dinero es solo un ingrediente más de la estrategia empleada para alcanzar esos objetivos, pero es uno importante. Y el grado de coincidencia entre tú y tu pareja en las decisiones económicas dependerá del grado de coincidencia entre vuestros objetivos y valores.
Puede haber más de una «forma correcta» de abordar las decisiones financieras. Tener en cuenta dos perspectivas diferentes puede ayudarte a tomar mejores decisiones financieras. Hay un momento para gastar y otro para ahorrar, un momento para asumir riesgos y otro para ir a lo seguro. Dado que la perspectiva de cada persona está determinada por su propia historia y conlleva una visión del mundo con un sesgo único, nadie tiene una comprensión completa y perfecta de las cosas. Por el contrario, nuestra comprensión mejora a medida que tenemos en cuenta múltiples puntos de vista sobre una situación, y la probabilidad de tomar decisiones acertadas aumenta cuando entablamos un diálogo humilde y transparente sobre el tema que se nos plantea.
Esperamos que estos principios os ayuden a ti y a tu cónyuge a poneros de acuerdo, un acuerdo que, al fin y al cabo, tiene como objetivo administrar todos los recursos que tenéis a vuestra disposición para la gloria de Cristo y de su reino.