Ocho prácticas recomendadas para alcanzar y mantener la salud financiera
Las siguientes ocho prácticas son recomendadas de forma generalizada por los asesores financieros —tanto laicos como cristianos— para ayudar a los solteros y a las parejas jóvenes a alcanzar una salud financiera y una independencia duraderas.
1. Adquiere hábitos fundamentales desde el principio
Controla tus gastos
Comidas: ¿Con qué frecuencia sales a comer fuera o utilizas un servicio de entrega de comida a domicilio? Plantéate cocinar en casa y salir a comer fuera solo en ocasiones especiales, como cumpleaños, aniversarios o citas románticas programadas. Sin duda, hay margen para la espontaneidad, pero más bien como excepción que como norma.
Transporte: Tener y mantener un coche puede resultar caro, pero no tiene por qué serlo. Recuerda que el objetivo principal de tu vehículo es llevarte de forma segura y fiable del punto A al punto B, no para elevar tu estatus ni satisfacer tu necesidad de velocidad. Las cuotas excesivas del coche pueden asfixiar nuestras finanzas, aumentar nuestra ansiedad y privarnos de la alegría que aporta la sencillez. Lee más aquí sobre un enfoque práctico y prudente a la hora de comprar un coche.
Ocio: Todos necesitamos actividades recreativas y, de vez en cuando, un respiro de nuestras rutinas tan planificadas y programadas. Pero vivimos en una cultura en la que el ocio nos exige cada vez más atención, ofreciéndonos oportunidades ilimitadas para escapar (o evitar) el estrés y las presiones de la vida. ¿Con qué frecuencia vas al cine o a un concierto? ¿A cuántos servicios de streaming estás suscrito? Al igual que harías con salir a comer fuera, plantéate convertir el entretenimiento en una ocasión especial más que en una vía de escape diaria. Invierte más en profundizar en tus relaciones, desarrollar tus talentos y nutrir tu alma.
Cosas: Nos sentimos constantemente atraídos por las últimas innovaciones, comodidades y tendencias de moda. ¿Eres de los que se lanzan enseguida a por las últimas novedades tecnológicas? Plantéate si tu iPhone actual te va bien antes de lanzarte a por el próximo modelo. ¿Y de verdad necesitas otro par de zapatos ahora mismo? Ten cuidado de no dejar que tu felicidad dependa del consumismo. Empieza a practicar la satisfacción intencional. Puede parecer algo que va en contra de la corriente, pero sin duda ayuda a mantener la estabilidad financiera.
Empieza a ahorrar, aunque sea solo un poco
Intenta destinar entre el 10 % y el 20 % de tus ingresos, pero incluso con 20 dólares a la semana ya empiezas a fortalecer tu solidez financiera.
Ahorra automáticamente para no tener que depender de tu fuerza de voluntad. Destina una cantidad fija o un porcentaje de tu nómina a una cuenta de ahorro que devengue intereses y observa cómo crece.
Lleva un control de tu dinero
Aprende a elaborar un presupuesto básico utilizando aplicaciones gratuitas como Rocket Money, WalletHub o Goodbudget.
Lee más aquí y aquí sobre cómo elaborar un plan de gastos que se adapte a tus necesidades, te permita ahorrar e invertir, y honre a Dios.
2. Crea un colchón para imprevistos
Eres joven, pero las emergencias pueden surgir en cualquier momento (una avería en el coche, un móvil roto o la pérdida del trabajo).
Primer objetivo: 500 dólares.
Próximo objetivo: 1 mes de gastos.
Objetivo a largo plazo: 3 meses de gastos.
Una vez más, guárdalo en una cuenta de ahorro de alto rendimiento, no en una cuenta corriente.
3. Construir un historial crediticio: la forma correcta de hacerlo
Un buen historial crediticio te ahorrará miles más adelante.
Consigue una tarjeta de crédito para principiantes (tarjeta para estudiantes o tarjeta garantizada).
Úsala para compras pequeñas (como gasolina o la compra).
Paga el saldo íntegro cada mes.
Mantén el uso por debajo del 30 % del límite de tu tarjeta.
Evita los saldos pendientes, las tarjetas de tiendas minoristas y las ofertas del tipo «compra ahora, paga después».
4. Empieza a invertir pronto (¡Es tu superpoder!)
El tiempo que pasas en la adolescencia y a principios de los veinte es más valioso que grandes cantidades de dinero más adelante.
Si tienes ingresos por trabajo:
Abre una cuenta Roth IRA (ofrece una gran ventaja fiscal cuando eres joven).
Invierte en opciones sencillas:
Fondo indexado al S&P 500 (por ejemplo, VOO)
Fondo índice del mercado total (p. ej., VTI)
Invierte una pequeña cantidad de forma constante: incluso entre 20 y 50 dólares al mes ahora es más importante que 200 dólares al mes a los 30 años.
Si tu empresa ofrece un plan 401(k), aprovecha al menos la aportación equivalente completa: es dinero gratis.
5. Evita la deuda incobrable como si fuera radiactiva
Deuda positiva:
✅ Préstamos para estudios con bajo interés
✅ Préstamo para la compra de un coche con bajo interés (solo si es necesario)
Deuda incobrable:
❌ Tarjetas de crédito
❌ Préstamos rápidos
❌ «Compra ahora, paga después»
❌ Préstamos personales con tipos de interés elevados
Además, evita financiar la compra de ropa, vacaciones o aparatos electrónicos.
6. Vive por debajo de tus posibilidades (tu yo futuro te lo agradecerá).
Si ganas 4.000 dólares al mes y vives como si ganaras 3.200, conseguirás:
Ahorra más rápido
Evita endeudarte
Construye la libertad
Reducir el estrés
La inflación del nivel de vida es el verdadero enemigo.
7. Da prioridad a tu «yo futuro» y a los demás
Recuerda que tu yo más joven influye en las decisiones clave y los hitos que te esperan en el futuro, como:
Si vivirás con estrés o en paz
Si puedes comprar una vivienda y cuándo
Si puedes viajar y adónde
Si estarás preparado —y en qué medida— para apoyar a las personas y las causas que te importan
Si podrás jubilarte con comodidad y cuándo
Cada buen hábito que se ponga en práctica ahora se multiplicará durante décadas.
8. ¡DONA!
Aunque ocupe el último lugar en esta lista, las Escrituras nos invitan a dar prioridad a nuestras ofrendas, al igual que a los primeros frutos. En el Antiguo Testamento, los primeros frutos eran la primera y mejor parte de la cosecha, que se ofrecía a Dios como acto de adoración.
Dar también nos hace dejar de centrarnos en nosotros mismos, nos libera de la necesidad de construir nuestros propios pequeños imperios y nos devuelve la confianza en que Dios velará por nosotros.
Como han señalado algunos de nuestros predecesores,
«Nadie se ha empobrecido nunca por dar».
— Ana Frank
«La única forma de superar el egoísmo que hay en tu corazón es entregarte por completo a los demás».
— Tim Keller
«Nos ganamos la vida con lo que recibimos, pero construimos una vida con lo que damos».
— Winston Churchill
«Es más bendito dar que recibir».
— Hechos 20:35,
Perspectiva sobre fe y finanzas
Nuestra naturaleza humana caída nos lleva a gestionar nuestro dinero de forma que se mantengan nuestros niveles de comodidad, conveniencia y entretenimiento. Pero nuestra naturaleza redimida nos recuerda que todo pertenece a Dios y que Él nos ha confiado el dinero y las posesiones no solo para proveernos y hacernos prosperar, sino también para edificar Su Reino en la tierra como en el cielo. Esto requiere que administremos bien nuestros fondos, evitemos las deudas y vivamos con generosidad. Como aconseja Romanos 13:8: «No debáis nada a nadie, salvo el amor mutuo».
Del mismo modo que el Padre ofreció a Su Hijo como primicia de nuestra salvación, nosotros le ofrecemos lo primero y lo mejor de todo lo que somos y todo lo que tenemos —nuestro dinero y nuestras posesiones, nuestro tiempo, nuestros talentos y habilidades, nuestras decisiones, nuestra adoración y devoción— y no nuestras sobras ni lo que descartamos. La generosidad no es un requisito religioso por el que se nos evaluará, sino más bien una actitud espiritual caracterizada por la alegría, la gratitud, la confianza y la dependencia de nuestro Gran Proveedor y de su historial infalible de amor y cuidado hacia sus hijos.
«... y ahora traigo las primicias de la tierra que tú, Señor, me has dado». Coloca la cesta ante el Señor tu Dios y inclínate ante él.
- Deuteronomio 26:10