Hacerse un hueco en un mundo hostil

 

Es fundamental comprender los retos financieros específicos de la etapa de la vida denominada «establecerse». Esta etapa, que a menudo se pasa por alto en la planificación financiera, es un momento en el que las personas de unos treinta años se enfrentan a importantes preocupaciones económicas. En un seminario reciente que impartí en una iglesia de la Alianza, tuve el privilegio de interactuar con casi 50 personas que se encontraban en esta etapa de la vida. A pesar de compartir principios fundamentales de la administración de los recursos, como que todo pertenece a Dios (Salmo 24:1) y el llamamiento a no preocuparse (Mateo 6:25), seguían expresando numerosas inquietudes financieras. Esta experiencia ha reforzado nuestra necesidad de ofrecer un discipulado financiero personalizado que aborde sus retos específicos.

Es fundamental comprender el origen de sus preocupaciones económicas. La liquidez se reveló como la principal preocupación, ya que el treinta y tres por ciento de los participantes expresó algún tipo de inquietud relacionada con ella. Esto no es de extrañar, teniendo en cuenta que se sabe que este grupo de edad es el segundo que más estrés económico sufre, solo superado por el de las personas en edad de prejubilación.

Establecerse es difícil porque hay muchas cosas con las que lidiar. ¿Tengo el trabajo adecuado? ¿Por qué no me han ascendido? ¿Cómo puedo financiar mi estilo de vida? ¿Debería volver a estudiar? ¿Qué casa debería comprar? ¿Es ahora un buen momento para tener hijos? ¿Colegio privado o público? ¿Debería uno de los dos quedarse en casa a tiempo completo o parcial? ¿Por qué mi vida me parece tan aburrida en comparación con el feed de Instagram de mis amigos? Es una etapa complicada. Los retos relacionados con la liquidez no tenían tanto que ver con las deudas o con crear un fondo de emergencia (cada uno de ellos solo representaba el 10 % de las respuestas), sino más bien con encontrar el equilibrio en la vida. Distribuir unos recursos económicos escasos entre estos objetivos contrapuestos genera ansiedad.

La segunda preocupación, con más del 20 %, fue la jubilación. Las personas de este grupo de edad saben que, si empiezan a ahorrar antes y el mercado se comporta bien, el valor acumulado de sus activos aumenta considerablemente. Saben que aportar menos de lo que la empresa iguala y perder así dinero gratis es tan poco inteligente como rechazar un aumento de sueldo. Sin embargo, aportar a su jubilación se convierte en una carga más para su flujo de caja, un factor de estrés más en el que no logran cumplir del todo con las expectativas.

¿Qué no figuraba en la lista? Las donaciones. Solo una persona se mostraba preocupada por el nivel de sus donaciones. Teniendo en cuenta que este seminario estaba dirigido a feligreses y lo impartía un ministerio dedicado a la administración de los recursos y la generosidad, la respuesta no fue precisamente espectacular. Antes de pasar al tema de la generosidad, primero necesitan saber cómo pueden reducir su ansiedad.

¿Cómo podemos ayudar mejor a este grupo? A continuación, expongo algunos puntos clave en los que haré hincapié con este grupo de edad:

  1. Todo le pertenece a Dios, y Él te ama. Solemos hacer hincapié en la primera parte, que es noble y difícil de poner en práctica. Omitimos la segunda, que les hace saber que no están solos y que Dios quiere que tengan éxito.

  2. Es fundamental afrontar los retos a los que nos enfrentamos con esperanza. Encontrar el equilibrio entre las exigencias reales y las percibidas en nuestras vidas puede resultar abrumador. Sin embargo, tal y como nos asegura Jesús en Juan 16:33: «En este mundo tendréis aflicciones, pero yo he vencido al mundo». Aceptar nuestros retos con esperanza puede darnos la fuerza necesaria para recorrer nuestro camino financiero con resiliencia y fe.

  3. La excelencia no es el objetivo. Parte de la ansiedad proviene de su deseo de ser excelentes gestores financieros. La excelencia financiera prima los «trucos» sobre el «corazón». En casi todos los casos, la búsqueda de la excelencia probablemente genere más estrés del que produce beneficios y exagere la importancia de la máxima eficiencia financiera. (Lee el artículo.)

  4. Es importante comprender que dar no es solo una obligación económica, sino un aspecto fundamental de la gestión responsable de las finanzas. Sirve de antídoto contra el mensaje tóxico del materialismo y el egocentrismo que impera en el mundo. Al destinar un porcentaje de tus ingresos al reino de Dios, reconoces las abundantes bendiciones de Dios y te liberas de la presión de tener que cumplir todas las expectativas que tenías para tu vida o de tener que imitar el estilo de vida de tus compañeros. Este acto de generosidad puede inspirarte y motivarte en tu camino hacia la buena gestión financiera.

 
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