Épocas de escasez y de abundancia: ambas son pruebas espirituales
Las konjunturas económicas tienen sus altibajos. Se pierden puestos de trabajo. Las empresas crecen. Los mercados sufren caídas. Llegan bendiciones inesperadas. Para los jóvenes cristianos solteros y las parejas, estos cambios pueden resultar desestabilizadores… o estimulantes. Pero las Escrituras dan un nuevo enfoque a ambas experiencias. En Filipenses 4:12, el apóstol Pablo escribe que aprendió el secreto de afrontar tanto la abundancia como la necesidad. La satisfacción, dice, es algo que se aprende.
La escasez y la abundancia no son meras condiciones económicas. Son pruebas espirituales para el corazón.
Cuando llega la escasez
La pérdida del empleo, la reducción de los ingresos o una recesión económica pueden afectar a algo más que al presupuesto: pueden sacudir nuestra identidad. Cuando desaparece el trabajo, muchos se preguntan en silencio: «¿Quién soy ahora?». El miedo se va apoderando de nosotros y la ansiedad por el futuro se impone a la fe. Estos momentos ponen de manifiesto dónde reside verdaderamente la seguridad. ¿Fue alguna vez el sueldo, o fue siempre Dios?
La escasez invita a una mayor dependencia. Exige humildad: la disposición a simplificar rápidamente, a reducir los gastos sin resentimiento y, a veces, a aceptar la ayuda de los demás. El orgullo se resiste a ello. La fe lo acoge. Las palabras de Jesús en Mateo 6:33 recuerdan a los creyentes que deben buscar primero el reino de Dios en lugar de obsesionarse con la estabilidad material. La escasez no significa que Dios se haya alejado; a menudo, significa que está refinando nuestra confianza.
Las crisis económicas intensifican estas mismas presiones. Las inversiones se reducen. La actividad empresarial se ralentiza. El futuro parece incierto. La tentación es caer en el pánico: decisiones precipitadas, control basado en el miedo, pensar siempre en el peor de los casos. La fidelidad, por el contrario, se muestra firme: una planificación sensata, respuestas mesuradas y la confianza, basada en la oración, de que, en última instancia, el Señor nos proveerá.
Cuando llega la abundancia
Sorprendentemente, la abundancia puede resultar incluso más peligrosa desde el punto de vista espiritual que la carencia.
Un negocio próspero, un ascenso o una herencia inesperada nos hacen sentir realizados. El esfuerzo ha dado sus frutos. El sacrificio ha sido recompensado. Sin embargo, la prosperidad pone a prueba el corazón de otra manera. La escasez nos lleva al miedo; la abundancia, al orgullo.
El éxito puede hacer que, sin darnos cuenta, cambiemos nuestra forma de expresarnos de «Dios me lo ha dado» a «Yo lo he conseguido». En Lucas 12, Jesús cuenta la historia de un hombre rico que construyó graneros más grandes para almacenar su excedente, pero se olvidó de la eternidad. Su riqueza no era el problema, sino su confianza mal depositada.
Cuando aumentan los ingresos, la responsabilidad también aumenta. ¿Aumentará la generosidad o solo el nivel de vida? ¿Se profundizará la gratitud o la comodidad atenuará la urgencia espiritual? Las ganancias inesperadas, en particular, requieren una pausa deliberada. Antes de gastar, reza. Antes de mejorar tu nivel de vida, reflexiona. Las bendiciones revelan si el corazón estaba preparado antes de que llegara el dinero.
Cómo mantenerse fiel tanto en la escasez como en la abundancia
Aunque la escasez y la abundancia puedan parecer opuestas, la fidelidad en ambas situaciones es sorprendentemente similar. A continuación te presentamos seis pasos prácticos para volver a encontrar el equilibrio bíblico.
Practica la generosidad de forma constante. En tiempos de escasez, la generosidad puede parecer más modesta, más discreta, incluso sacrificada, pero afianza el corazón en la confianza. En tiempos de abundancia, la generosidad debe crecer de forma intencionada. Una de las disciplinas espiritualmente más poderosas que una pareja puede adoptar es aumentar las donaciones a medida que aumentan los ingresos. Esto protege contra la codicia y mantiene el corazón alineado con los propósitos de Dios.
Haz de la gratitud un hábito diario. En épocas de escasez, la gratitud desvía la atención de lo que falta hacia lo que se nos ofrece hoy. En épocas de prosperidad, la gratitud nos protege contra la sensación de que todo nos es debido y contra el orgullo. La gratitud mantiene a raya tanto la desesperación como la arrogancia.
Genera un margen financiero siempre que sea posible. Los ahorros para emergencias, una planificación sensata y evitar endeudarse innecesariamente no son signos de desconfianza, sino expresiones de buena gestión. El margen aporta estabilidad en épocas de crisis y libertad ante las oportunidades.
No caigas en la trampa de la inflación del estilo de vida. Cuando aumentan los ingresos, resulta tentador mejorar todo de golpe. La administración fiel avanza más despacio. Da prioridad a una mayor generosidad y a la sabiduría a largo plazo frente a las comodidades inmediatas.
Rezad juntos por cuestiones de dinero, sobre todo si sois pareja. Rezad antes de realizar compras importantes. Rezad en momentos de dificultades económicas. Rezad cuando os llegue un éxito inesperado. La intimidad financiera crece cuando las decisiones se toman en unidad ante Dios, en lugar de hacerlo de forma aislada.
Ancla tu identidad en Cristo, no en las circunstancias. El patrimonio neto fluctúa. Las condiciones del mercado cambian. Las carreras profesionales tienen altibajos. Pero la identidad espiritual permanece constante. La escasez no disminuye el amor de Dios. La abundancia no lo aumenta.
Perspectiva sobre fe y finanzas
El «secreto» de Pablo en su Epístola a los Filipenses no era una gestión presupuestaria excepcional, sino una dependencia constante. Tanto en los momentos de adversidad como en los de prosperidad, su confianza seguía arraigada en Cristo.
Para los solteros y las parejas cristianas, el objetivo no es evitar los altibajos económicos, sino mantener la estabilidad ante ellos. La escasez enseña a depender de Dios; la abundancia, a ser buenos administradores. Ambas enseñan a confiar. Y en cada etapa de la vida, la oración sigue siendo la misma: «Señor, mantén mi corazón fiel, tanto si me das como si me quitas».
Sé lo que es pasar necesidad, y sé lo que es tener en abundancia. He aprendido el secreto de estar contento en cualquier situación, ya sea que esté saciado o hambriento, ya sea que viva en abundancia o en la necesidad. - Filipenses 4:12